A quien toca tu alma y no tu cuerpo, nunca lo dejes ir

Muchas de esas personas, son solo estrellas fugaces que, en ocasiones, no le logramos ni recordar el rostro ni sus nombres, pero otras, nos harán recordar hasta los lugares más especiales que visitamos con ellos cada vez que volvamos ahí.

Ese tipo de personas, son las que acariciaron nuestra alma, y son las que nos hicieron sentir tranquilidad cuando estuvimos a su lado. Esas personas, podemos llamarles “hogar”, porque sin duda alguna, fueron los mejores acompañantes de este viaje que llamamos vida y también fueron el refugio de todas nuestras emociones.

No confundamos a estas personas que tocan el alma, con aquellos que dicen amarnos con todas sus fuerzas pero que se han dejado llevar por el mero deseo carnal. Esos que solo supieron llegar a nuestra piel, tienen un lugar a parte y no tan especial.

Los que realmente guardan un pedazo de sí, dentro de nosotros, son aquellos que supieron atravesar piel, entrañas, huesos y órganos hasta tocar nuestro espíritu. Algunos quizá no tenían grandes talentos o eran personas de gran importancia dentro de la sociedad, algunos sencillamente eran seres llenos de vida que nos enseñaron a cómo vivir. Porque son esas personas que nos regalan una nueva perspectiva de la vida, los que realmente logran tocarnos el corazón.

Parece tácito que, si alguien logra llegar a nuestra alma, queramos que permanezca cerca de nosotros por mucho tiempo y que esa persona logre nutrir nuestras vidas. Sin embargo, es común que nuestra mente empiece a crear ilusiones, no sobre un futuro junto a esa persona, sino sobre el sufrimiento que corresponde el “amar y ser amados”.

Tenemos la fea costumbre de que, cuando nos han lastimado, relacionemos a cualquier acto de entrega como una inminente posibilidad a que nos lastimen. Esto sucede cuando el orgullo y el miedo, se hacen dueños de nuestro espíritu y no dejan entrar a esas personas valiosas. Por ello, amar es un acto para valientes y los valientes deben pagar el precio de su valentía, pues solo aquellos que se atreven a enfrentar a su miedo y orgullo, son capaces de sentir el amor de verdad.

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